DIARIO DE UN TECHERO

lunes, 15 de febrero de 2016

Honor haber estado ayer con mis amigos de Techo - Guatemala, apoyando en la asignación de viviendas para la próxima construcción de Semana Santa; evaluamos los terrenos de las familias para la intervención de la organización en la Comunidad de Las Joyas, que va por la vivienda número 200, además de todos los proyectos que ya avanzan al paso del tiempo en este gran lugar.

#EnComunidad #LíderDeConstru #TECHO




viernes, 12 de febrero de 2016


Rumbo a Xela y la estadía

Y aquí seguíamos, en este país copado de volcanes, personas con la esperanza de salir al nuevo día, el país de la eterna primavera he escuchado que le dicen; rodeado de voluntarios me encontré y encontré otro paso. -Vamos a Occidente, vamos a Xela- Me dijo un amigo, y yo que gustoso de encontrar nuevas aventuras me embarqué en esta sin temor a las carreteras, sin miedo al frío que ya suponía en estas tierras chapinas, y sin remordimiento de andar con malestar físico (Tiempo después me dí cuenta que es lo que pasaba, varios techeros hermanos y yo, habíamos enfermado. Por acá le decían “El mal de la Zona 15” que después se expandió a varios puntos del la capital; un día lanzaron una alerta noticiosa donde aseguraban que cientos personas estaban en un hospital particular de la ciudad por gastroenteritis aguda; el agua había presentado contaminación y se alertaba por todos lados lo que vendría a ser un efecto bola de nieve que abarcó gran parte de esta parte de Guatemala. Días más tarde como siempre pasa, entidades federativas, habría dicho que el agua de la ciudad estaba en perfecto estado y que no había por que preocupar; por otro lado se decía que unas tuberías habían sido destrozadas por una construcción de un paso a desnivel que se estaba haciendo en esa Zona 15) en todo caso la verdad no se sabría, era un virus, era el agua, podría haber sido cualquier cosa, el caso es que ya presentaba algunos síntomas del malestar; dolor de cabeza, dolor de estomago, fiebre, debilidad en todo el cuerpo. Perfectos síntomas también para embarcarme en una nueva aventura, entonces dije el “sí” que me llevaría a Xela.

Xela es la cabecera del Departamento de Quetzaltenango; también conocida como Xelajú, es la segunda ciudad más importante del país de Guatemala, cuenta con unos 300 mil habitantes y para alguien que es de una ciudad similar (Y hablo de mí, que soy de Monterrey, Nuevo León México, sí, lo recalco) todo lo que veía aquí y todo lo que observaba, lo que me fueron enseñando de su historia, de sus batallas, ciertamente hacían que poco a poco encontrara relación con mi ciudad natal; pero es que así pasa, el hecho de estar lejos de tu ciudad y encontrarte una realidad similar a ella, digamos que lo hace atractivo a tu llegada.

Arribamos una noche de miércoles a aquella localidad después de recorrer tres horas de camino, de salir de la capital por una vía alterna y llegar a la carretera que nos llevaría a ver mediante las horas de camino, a 6 volcanes que se iban haciendo parte de uno mismo, como de igual manera el ocaso que nos fue atrapando hasta entrar a Quetzaltenango; al principio, precisamente en Salcajá el Monumento al Migrante, esos seres que van en busca de otras realidades, de nuevos destinos y un nuevo futuro, que se juegan el todo por el todo para encontrar otro rumbo, otra forma de vivir la vida fuera de aquí, fuera de todo y dentro de no sé que tantas cosas que hace que tal vez nunca regresen y que dejen a las familias con el clamor de nunca haberse ido.

Al paso arquitectura colonial, historias que pasan sobre las batallas que fueron un día en este departamento, ciudades hermanas que resuenan en mi corazón tan mexicano; fue así que ya a más de 2500 metros sobre el nivel del mar, estábamos en Xela dentro de una taberna con banderas de todo el mundo, monedas de diferentes percepciones, acentos de todas partes; copas de vino un ingeniero, un medico, un psicólogo y este periodista que les escribe, hablaban de todo y de nada que pasa de lo cotidiano a lo fantástico en milésimas de segundos, del Finisterre a los planetas que orbitan, de los volcanes de mi país y de los 37 que tiene este 33 tal vez, todo depende de quién te lo diga o de dónde lo busques.

Jueves por la mañana a 6º despertaba Xela, pasamos medio día en planeación, escritos que llegan a nada, aguantar la respiración y suplicar porque el malestar que tenía en ese entonces, no se agrandara. Fue así que después de comer nos emprendimos a otra aventura, teníamos que salir a Colomba, municipio escondido por la cordillera del Departamento de Quetzaltenango; ahí precisamente llegamos a Santa Rosa, después de una combi que nos llevó una hora y 40 minutos para después adentrarnos a la comunidad en una camioneta donde íbamos cerca de 25 personas en la caja en un camino de alrededor de 5 kilómetros y 20 minutos, con paradas alternas donde las personas que salían de la caja de la camioneta, bajaban con costales de frutas, bolsas de comida y cajas que me preguntaba el cómo todos teníamos lugar en este tan pequeño espacio; me sorprendió que en aquella camioneta, arriba, con nosotros, nos acompañaba algo así como un policía, que en este caso era de la comunidad, perteneciente a los grupos armados que cuidan los ejidos de las zonas, algo así como un Grupo de Autodefensa. Al tanto llegamos a Santa Rosa que después de ser finca, en 1982 fue remplazada para ser la colonia que ahora es, con cerca de 900 familias. En aquel entonces la comunidad aún siendo solo un terreno de cultivo, fue vendida por el propietario, a los trabajadores y habitantes en lotes. Dentro del asentamiento se visualizan algunas viviendas de concreto en las inmediaciones del camino que te lleva a la comunidad, sin embargo los techos de lamina se pueden observar en mayoría, ademas de pisos de tierra y viviendas con forro de bambú que se esconden tras las travesías empedradas al interior la colonia; prevalece aún hoy en algunos de los pobladores el Mam, lengua maya hablada en el Sur Occidente de Guatemala por aproximadamente medio millón de habitantes.

Después de la asamblea que efectuamos en aquel salón polivalente, que me contaron se usaba para bodas, “quinceañeras”, asambleas, fiestas de la comunidad y algunos eventos deportivos, nos disponíamos a regresar a Xela. Al salir, mis amigos voluntarios y yo de aquella comunidad, abordamos una camioneta con un poblador que se ofreció a llevarnos a la salida para que nosotros pudiéramos alcanzar el camión que saldría pronto hacía la ciudad; al llegar a la carretera no paramos en donde posiblemente pudiera detener aquel vehículo, fue así que seguimos, ellos le llaman Camioneta Xelajú (Es un camión de pasajeros y a su vez de carga, ya que arriba trae la fantástica rejilla para poner todos los costales de fruta que traen desde Colomba si vas a Xela o desde Xela si vas a Colomba, la leña que no puede faltar, cajas de arroz, maíz, ropa, leche, que tanto) ahí íbamos rumbo a la estación de Colomba cuando en ese preciso momento en el que la vida te juega a diferencia y entonces el grandísimo camión por el que íbamos pasa ya rumbo a Xela para nuestra mala suerte; por un momento estábamos desconcentrados, no sabíamos si reír o llorar, el único camión que nos iba a llevar ya había pasado rumbo a la ciudad.

No fue hasta que llegamos a la plaza de Colomba que el susto había pasado, llegamos y nos dijeron que por supuesto, la Camioneta de Xelajú iba a pasar nuevamente y entonces nos despreocuparamos, claro que esta vendría en 1 hora y 40 minutos después, así que posiblemente tendríamos tiempo de disfrutar el paisaje, folclor de los alrededores de la plaza de Colomba. Vaya risas que pasamos al enterarnos que estaríamos varados casi dos horas en aquel municipio; frente a la plaza fue el lugar que nos quedamos, a las afueras de una dulcería, sentados en la banqueta, mis amigos voluntarios y yo quedamos esperando a que pasara la famosa Xelajú; entre pastelerías, tlapalerías, panaderías y un camino de puestos de comida que se encontraba por un lado de la plaza central, estábamos contemplando y acompañando el tiempo juntos y también el humo contminado de algunos camiones que pasaban dejando ver el mal estado vehicular en que se encontraban. En ese momento yo no había mas que desayunado y me encontraba con hambre cerca de las 7 de la tarde, pero debido a mi malestar que en ese momento estaba por cobrarme más intensidad, no accedí a comprar de comer en las inmediaciones de aquel folclórico lugar de Quetzaltenango.

Con el hambre que tenía, apenas si alcancé a imaginar que iba a comer algo, hasta que uno de mis hermanos me ofreció algo que había sobrado de su lonche, “almuerzo” le dicen por estos lares; entonces ahí estaba agradeciendo las papas y zanahorias cocidas con carne, cosa que hizo que fuera a comprar unas tortillas (No les he contado pero acá las tortillas son algo diferentes, están pequeñas y algo infladas, son prácticamente como a las que nosotros les llamamos “gorditas”, incluso estas podrías abrirlas y dentro poner algo de la comida , como chicharrón, deshebrada, queso o algo así ¡Puta, como extraño eso!) estás tortillas con las que son difícil hacer tacos me costaron 5 por un Quetzal, algo así como dos pesos mexicanos, y forzosamente intenté hacerlas taco, pero ya ven como somos los mexicanos, por cierto me costó comer aquel día sin chile. Llegó el camión (Camioneta de Xelajú) Y nos fuimos hasta la urbe que ya nos esperaba, llegamos en 1 hora y 20 minutos; me sorprendió el ayudante del chofer que apenas le di la espalda y el camión dando a 80 K/h esté desapareció, después me explicaron que podría buscar aquello en youtube como Spiderman Xela, incluso me ha sorprendido la cantidad de musica mexicana que se escucha por acá, desde Juan Gabriel hasta La Trakalosa ¡Ja, sí, duele un poco!

Así pasé mis primeros dos días en esa hermosa ciudad, sigo en Guatemala donde me estoy quedando con la fantástica forma de ver las curvas de carretera, otras montañas que no son las mías y que de igual manera lucen hermosas; y también hoy, cuidando mi estomago intentando volver a ser ese vicioso del refresco; porque andaré recorriendo Latinoamérica, y como Guevara lo hacía, voy a preferir tomar “Las aguas negras del imperialismo” (Eso me da mucha risa) antes de agua para prevenir las enfermedades gastrointestinales, más esa es otra historia que después podría contarles, porque Guevara era un “cocacolero” de los grandes... Por ahora, continuemos con el viaje.

Por cierto, nunca lleguen a comprar tortillas en Guatemala diciendo “Parecen gorditas” pues las señoras que las venden no saben que así les decimos a cierto tipo de alimento que una señora llamada “Tota”, alguna vez patentó en México.

Saludos para todos donde quiera que estén.

DIARIO DE UN TECHERO
1era Estación: Guatemala - 2da Parte

Nubes esperanzas y las canciones que nos resguardan de la lluvia de batallas.

Son las algarabías por encontrar lo que no estábamos buscando, el tan emblemático discurso que nos damos cuando estamos enamorados y las manadas de nubes que al perderse se han de encontrar con otras tantas.

-Arthur Proa Akalyakatl


"Uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que te hace a ti"- Nicolas Bouvier


Nubes que aguardan el tiempo que ha sido, 
cielos con vientos de las alas de pegasos, 
caminos empedrados que uno a otro van pasando
y las carretas que nos llevan siempre a un nuevo destino.
Ahora que es momento rezo a mis santos paganos 
para que el volcán nos de una tregua y nos deje seguir viajando.

-Arthur Proa Akalyakatl


Llegada a tierras chapinas

Corría tras el viento cual bala de metralla, de equipaje un cerro acuestre caminé con el rumbo de lo que supongo ha de ser por siempre el camino de mi vida, porque hay historias que contar, y hay paisajes que percibir, compartir y llevarnos para rato. Narrar lo que uno vive, plasmar lo que uno siente e intentar romper los esquemas de lo que dicen de imposible; así salí de mi Monterrey al viaje de mi vida, primera parada, llegar al aún entonces Distrito Federal, presentando mi primer libro (CIPSELA) en la Casa del Escritor, pactando borracheras de trabajo voluntario con amigos, viajes que seguro nos encontrarán al cono sur y un sin fin de emociones que ya se percibían aún sin salir de México.

Pasé de carretera hasta la ciudad de talaveras, valle de alegrías, batallas que aseguran seguir así; por el camino me miraban el Popocatepetl y el Iztaccihuatl, dos iconos del país que pareciera marchaban junto conmigo la aventura que todavía me aguardaba. Anduve del café hasta la pirámide, del volcán que humea hasta el Barrio del Artista, compartí de sonrisas con amistades, seminarios de logística en una consigna, amores que se aferran y la voluntad de mis hermanos.
Volví a carretear hasta Tuxtla Gutierrez ensordecido por la gran selva que me habitaba por su grandeza, recorridos que me hablaban de sus lenguas y folclor, voces que me llevaban hasta llegar a la frontera en Tapachula, en mi poca estadía, me agrietó tanto ese pueblo vuelto ciudad, rompía ya entre lluvias la infortuna de estar tan lejos de algunos y tan cerca de todo. Bastó con recordar que mi viaje siempre fue un sueño, que sigo habitando a cada minuto que avanzo para llegar al fin del mundo. 

Y así fue que volví a emprender otro camino, casi 2 mil 500 kilómetros después llegué a Ciudad de Guatemala, pasando por la frontera de Talismán arribé hasta San Marcos, el clima ya era otro, la gente, los vehículos de transporte, y a cada instante me preguntaba por que tan distinto el mundo de un metro a otro. Cambié los pocos pesos mexicanos que traía por quetzales, sellaron mi pasaporte por 90 días, volví al autobús en el que cree la huida, y continúe el camino. Los paisajes se dibujaban uno tras otro, atrás quedó el Suchiate y Usumacinta, el Popo, el Izta y mi Cerro de la Silla, volví a cambiar de altitud y las verdes carreteras de este país ya me arropaban con sus paredes de palmera y volcanes sin frontera.

Cuando entré a la ciudad capital quedé sorprendido gratamente del paisaje colonial hasta el ambiente tan moderno y comercial, que atraviesa en este lado las pupilas como spot televisivo, una canción de moda o cualquier aparato que sobrepasa al otro solo por tener una “ese”. Allí, una familia de hermanos voluntarios apenas llegando me cobijó, dando recorrido por el primer plano de la ciudad yo miraba a todos lados, Zona 1 le llaman los guatemaltecos; me contaron de la grandiosa historia que crearon hace algunos mese cuando llenaron la plaza en la que estábamos parados, asumiendo el protagonismo que les correspondía, algarabías por hacer y ser justicia, por llenarse de utopías y de una u otra manera, levantar la mano para implacablemente volverse primavera y nuevo destino.

Contándome del Palacio Nacional, yo quedé asombrado, por la historia que lo marca en la construcción de un día, la grandeza, la espectacularidad que se siente de esquina a esquina, la energía que se observa y toda esa gran variedad de formas y estructuras coloniales que absorbe la historia. Me contaban de las antiguas ciudades que asumían como capitales del país mientras caminábamos del Puente de Correos al Cine Lux, de los bares hasta la Catedral y las innumerables iglesias que afrontan la realidad de un mundo que cambia a cada instante y que sigue siendo el mismo.
Al día siguiente con la resaca de cambiar frontera, de clima, de altitud y compañía; empecé de nuevo a unir energía para volver a adaptarme, y me sorprendió de lo rápido que le alcancé, optando por la mejor manera que conozco. Siempre he creído que formar parte del voluntariado resuena tanto en el interior de uno y se abren tan fácil las puertas de tu alma que en el instante en que te postras siendo uno acompañado, también eres tú la compañía, y todo se transforma de tal manera como cuando estás abierto a toda posibilidad de llorar, reír, sufrir, amar, doler y ser feliz a cada momento; porque así es el voluntariado, te vuelve vulnerable en el preciso momento y te reencarna sutilmente en más humano. Entonces, ahí estaba, en compañía de los pequeños “fueguitos”, hermanos que ya encontré sentados hasta ese entonces dentro de un autobús rumbo a la comunidad que nos esperaba representando al TECHO; si no te suena este nombre, te puedo contar que: TECHO es una organización presente en Latinoamérica y El Caribe que busca superar la situación de pobreza que viven miles de personas en los asentamientos precarios, y lo hace a través de la acción conjunta de sus pobladores y jóvenes voluntarios. Ahí estábamos, yo y casi 20 techeros más (Yo llegué a TECHO ya hace algunos años, me he desenvolví en mi país en varios equipos y departamentos de la organización) en ese momento al llegar a la comunidad Las Joyas en Guatemala, ya me estaba convirtiendo en otro techero, como tantos otros que han gestado y han activado a voluntad en otros países.

Era tiempo de la acción y nosotros tendríamos el deber de con el ECO que vendríamos a hacer, sacar mediante encuestas, las futuras familias que construirán pronto junto con voluntarios, una nueva vivienda que pudieran utilizar como su hogar (El ECO, si no te suena esta palabra, te he de decir que es la actividad parte del TECHO que se encarga de Escuchar a las Comunidades, para entender mejor los problemas que se viven en los asentamientos, las carencias que la comunidad maneja y las dificultades de las familias para lograr su inclusión en la sociedad)

La aldea de Las joyas está en el Departamento Santa Rosa de Guatemala (Así le dicen de esté lado del mundo a los estados en los que está separado el país) es una comunidad que está separada en tres sectores, hay cerca de 15 mil habitantes, de los cuales la mayoría se dedica a la agricultura, principalmente de las fincas de café, donde por jornadas laborales de 10 a 12 horas, de lunes a sábado, la gente gana unos 500 Quetzales cada 15 días, lo que equivale a alrededor de 130 Dolares al mes, tan poco como para no olvidar que solo casi el 30% de los habitantes tiene acceso al agua potable, tan poco como para no olvidar la dificultad que es llegar y salir de la aldea por carretera, tan poco como para no olvidar que un camión recolector de basura nunca llega y ni hablar de el apoyo policíaco.

Pero acá, allá, aquí estábamos los voluntarios, platicando con las familias y entre nosotros mismos todo un fin de semana, de todo esto y de todo aquello que nos incomoda tanto en nuestra sociedad, como para para sumarnos a cambiar las realidades de estás y aquellas zonas que nos encuentran al paso de la vida que va pasando; acá, allá, aquí estábamos hablando de nuestras similitudes y diferencias que tenemos entre países hermanos, platicando de activismo, de política y razones, de la historia de revueltas, de manifestaciones e injusticias, desmintiendo también los estereotipos que cargamos como ciudadanos de cambio, rompiendo aquella idea que nos han dicho desde siempre “América Latina anda mal, porque produce demasiada gente” y así, acá, allá, aquí estábamos y yo me quedé pensando en que este país que me ha maravillado de su gente con su fuerza e inteligencia por las cosas que se gestan, yo que sigo tan a gusto ahorita que escribo esto rodeado de estos “fueguitos” y sus paisajes de colores, olores y sabores, sé que Guatemala podría tener más gente... pero de todos aquellos que se van... ¿A dónde van? Y sobre todo ¿Por qué?

Yo, por lo pronto sigo aprendiendo agradecido estando aquí, hasta que continúe mi camino y emprenda una nueva huida para recorrer Latinoamérica, coleccionando historias que me lleven a otro instante, en el que pueda seguir escribiendo.

DIARIO DE UN TECHERO 
1era Estación: Guatemala - 1era Parte


Hoy rumbo a la comunidad de Paquisiqq nos topamos este gran asalto de la naturaleza.

El Volcán Santiaguito de Quetzaltenango en el altiplano occidental de Guatemala que está a 2550 msnm de altitud.

Hay pocas cosas en el mundo que te llenan tanto como el ser ‪#‎Voluntario‬



Hoy estuvimos con el Equipo de Gestión Comunitaria Techo - Guatemala, reconociendo la comunidad La Limonada


Y ahí van los de a voluntad, ahí van, vamos, y hacen mil cosas, y otras mil cosas más; por las regiones que apenas si las hemos soñado en nuestros viajes, personas que se suman al camino, que ahora forman parte de tu vida con tan solo mirarles a los ojos y decirles “Buenos días” 

La virtud ha de ser desde los camino empedrados, hasta las horas que acompañamos las comidas sin chile, para después suplicar nada y que alguien, que sabe que no eres tan de acá como todos, llegué y te sorprenda trayéndote lo que está tan distante de ti, para traértelo de frente y hacerte sentir como en casa.

Vamos al paso, y seremos más fuertes, emprenderemos sobre está huida que convertirá todas las palabras en lo que somos y lo que vivimos. Caminos que nos llevan a aquellos lugares donde trabajan los pequeños “fueguitos” que arden en la vida, como dijera Galeano, y quien se acerca demasiado... Se enciende.




Si hay un corazón dispuesto a creer, muchos más lo harán.


Techo - Guatemala
‪#‎DiarioDeUnTechero‬ ‪#‎Volunteer‬ ‪#‎TECHO‬



Fin de semana de ECO; hemos pasado sábado y domingo accionando con Techo - Guatemala en La Aldea Las Joyas, comunidad con la que se trabaja desde diciembre de 2012.

Llegará Semana Santa de construcción esperando llegar a 200 viviendas en la comunidad, y a la par, los proyectos que se tienen pensados llevar a cabo con la mesa en este primer semestre del año.


Ya estamos en ‪#‎Guatemala‬; aquí a las afueras de Palacio Nacional.

Mañana viajamos a un ECO con Techo - Guatemala


El camino y las preguntas


Un día salí de mi ciudad a empezar un viaje que había anunciado hace tiempo. periodista de profesión y escritor por fortuna, sé que los motes son nada cuando digo que soy voluntario. Entonces, así, de esta manera te presento mi mundo que emprendí con esta huida y que aprenderé a formar con un camino sobre el periodismo literario que vive en el espíritu de un voluntario que trabaja por la sociedad y acciona de justicia la vida en su tiempo, voy al paso con esos seres tan extraños que avanzan con piolet por cualquier carretera que nos ve pasar, “fueguitos” que arden en la vida, como dijera Galeano, y quien se acerca a ellos demasiado... Se enciende.

Salí de Monterrey un día terminando épocas decembrina que a diario recuerdo, dejé mi trabajo de planta, me alejé del amor en todas sus presentaciones, y así me alejé de las calles, los barios y las montañas que me vieron crecer. Hoy voy al paso, me desenvuelvo en mi mundo de voluntad y solidaridad intentando buscar el lado más palpable del ser humano; con este viaje intentaré buscar esas historias que apenas si se manifiestan en cualquier parte. Voy a sumarme de voluntario al rededor de los 19 países que pretendo recorrer en busca de crónicas, de paisajes, de lugares donde la literatura se vuelve periodismo, dónde el periodismo se vuelve literatura y donde ellos mismos se aúnan a costa de la voluntad de ayudar y encauzarse a los proyectos que buscan otra realidad en la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Casi 5 años después de pensar en este momento sentí que era el momento y ahora voy tras él, aunque sienta ya en ocasiones que va a mi lado en este instante; con todo esto y aquello, me he avalentado a vivir esta vida como sé que puede ir en este entonces; con mi sombra cosida a lo Peter Pan viajo a voluntad, con resilencia, y con la fantástica certeza de sentir que “Otro Mundo es Posible”.

Sin más, te invito a que me acompañes en este trayecto, la ruta será de más de 15 mil kilómetros de historias y sueños, de escritos que me harán estar más cerca de ti, e indudablemente harán... que en este viaje me sienta menos solo.

Entonces, me encuentro entre tantas preguntas al paso, como las mujeres y los hombres verdaderos que son guiados por los dioses “para caminar preguntan, para llegar se despiden y para irse saludan, nunca se están quietos, ni se van nunca”

DIARIO DE UN TECHERO 
Bitácora - La Presentación
Arthur Proa Akalyakatl

Todo listo para llegar a nuestra Primera Estación: Guatemala


Bitácora 2 - De Un Voluntario

Nueva escala en Puebla... ¡La tierra del volcán que humea!

De mañana salir por la Colonia Roma del DF, aún DF, antes de que le llamara Ciudad De México. Andar hasta el Metro Insurgentes, misma linea que me llevaría a la TAPO, Transportes de Autobuses del Poniente; me despedí de mi hermano Wakko, habiendo recordado que hacia casi 10 nos habíamos conocido en sets de televisión estudiantil.

De La TAPO a la CAPU, carretera México - Puebla, 1 hora y 4~0 minutos de recorrido.... y en el camino te encuentras a dos iconos de tu país, con una extraordinaria expresión que apenas se te dan derecho a aguantar el respiro, y estos se posan al lado de la carretera que tanto te ha visto pasar. Iztaccíhuatl y Popocatépetl presentes y copados con sueños blancos.

Llegué y pase un estadía tan increíble que me fue difícil despedirme por estos lares, pasé de Puebla y carretee rumbo a Cholula, visité a mis viejos amigos y di bienvenida a otros tantos; llevé a CIPSELA hasta esa instancia; anduve del café a las memelas y de la piramide al Cetro Histórico. En el Bario de los Sapos sin excesos me llené de amargura.

Viví al visitante desde el Estadio con su remodelación, reforcé relaciones que ahora estoy seguro que me van a durar la vida. Me alejé con llanto y partí aún más a Sur.

Abrazos y montones de saludos a: Oihid, Laszlo, Martin, Mariana, Juan Carlos, Sofía, Isa, Sra. Eloisa, Prof Mauricio, Prof Dany, Prof Alejandro, Diego, Segio, Prof Jesús Olalde, Cecilia y Maria Paula, Gardenia y Samantha Moreno, por hacer grandiosa mi estadía en estás tierras poblanas.



Bitácora 1 - De un Voluntario Empezamos... 

¡Vamos al Sur! 

Salí de Monterrey una noche rumbo a Ciudad de México, días cuando todavía podíamos llamarlo DF.  Viajé por carretera 911 Kilometros en 11 horas y 12 minutos. Allí presentamos el libro de CIPSELA,presentamos el viaje a varios de nuestros amigos y pasamos una estadía grandiosa en esa ciudad que nos vio recorrer pasillos de estudiantes, escritorios periodísticos con notas deportivas y sociales, marchas a todos lados y amores que no regresan.

 Saludos y abrazo enorme a: Wakko, Gabriel, Andrea y su Mamá, Ceci, Prof. Eliel, Aura y su mamá y hermanas, Alain, Alejandra, Héctor, Amanda y toda la gente que me topé en el camino para embarcarme a un nuevo rumbo, mi siguiente paso, la ciudad de Puebla, antes de seguir el camino para llegar a la primera estación: Guatemala!